Recordando a Ernesto Sábato

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«El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos, porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer» (Ernesto Sábato, La resistencia.)

En Abril de 2011 murió el escritor Ernesto Sábato. Le faltaban pocos días para cumplir 100 años. Fue uno de los pensadores más lúcidos y honestos que tuvo la Argentina.
Buscando respuestas a «las inquietudes existenciales más profundas» desertó del universo abstracto de las ciencias físico-matemáticas para internarse en el «continente (oscuro y dudoso) de la literatura novelística» y en el espacio reflexivo de los ensayos.
Pensaba que la verdadera literatura, los verdaderos escritores nada tenían que ver con la fama o el renombre, y mucho menos las modas: «No se escribe para agradar sino para sacudir, para despertar» (de El escritor y sus fantasmas)
Como intelectual siempre se mostró comprometido con sus ideas políticas. Su preocupación permanente tenía que ver con el hombre en todas sus dimensiones. Y especialmente con los jóvenes, a quienes siempre estaba dispuesto a escuchar. Más de una vez, en sus entrevistas periodísticas, hablaba de la esperanza que quería darles: «Los jóvenes me preocupan. Un poco de esperanza… Un poco.» Tal vez, en el fondo, él mismo buscaba para sí esa esperanza que lo sacara de sus propias angustias.
De carácter difícil, fue siempre consciente de sus propias contradicciones. Sábato vivió en permanente interrogación sobre sí mismo y sobre la realidad. Sus reflexiones giraron alrededor del hombre y del mundo contemporáneo, para él demasiado robotizado y materialista. Lo vivía con angustia porque creía que en muchos casos degradaba la propia dignidad humana. Su pensamiento fue siempre un pensamiento encarnado.
Transcribimos a continuación algunos fragmentos de su obra.
Prof. Odilia V. de Rezza. Docente del taller «Más allá de las palabras.»
Obras de Ernesto Sábato
NOVELAS
El túnel (1948)
Sobre héroes y tumbas (1961)
Abaddón, el exterminador (1974)
ENSAYOS
Uno y el universo (1945)
Hombres y engranajes (1951)
La robotización del hombre (1981)
Nunca Más: Informe de la CONADEP (1985)
Antes del fín (1988)
La resistencia (2000)
España en los diarios de mi vejez (2004)
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El hombre solo cabe en la utopía

«Les propongo, entonces, con la gravedad de las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso. Salgamos a los espacios abiertos, arriesguémonos por el otro, esperemos, con quien extiende sus brazos, que una nueva ola de la historia nos levante. Quizá ya lo está haciendo, de un modo silencioso y subterráneo, como los brotes que laten bajo las tierras de invierno.
Algo por lo que todavía vale la pena sufrir y morir, una comunión entre hombres, aquel pacto entre derrotados. Una sola torre, si, pero refulgente e indestructible.
En tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido andar en la noche. Lean las cartas que Miguel Hernández envió desde la cárcel donde finalmente encontró la muerte:
Volveremos a brindar por todo lo que se pierde y se encuentra: La libertad, las cadenas, la alegría y ese cariño oculto que nos arrastra a buscarnos a través de toda la tierra.
Piensen siempre en la nobleza de estos hombres que redimen a la humanidad. A través de su muerte nos entregan el valor supremo de la vida, mostrándonos que el obstáculo nos impide la historia, nos recuerdan que el hombre sólo cabe en la utopía. Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido…» (de Antes del fin)
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Recrear al hombre y su mundo

«La primera tragedia que debe ser urgentemente reparada es la desvalorización de sí mismo que siente el hombre, y que conforma el paso previo al sometimiento y la masificación.
Es un puente le que habremos de atravesar, un pasaje. No podemos quedar fijados en el pasado ni tampoco deleitarnos en la mirada del abismo. En este camino sin salida que enfrentamos hoy, la recreación del hombre y su mundo se nos aparece no como una elección entre otras sino como un gesto tan impostergable como el nacimiento de la criatura cuando es llegada su hora.
Los hombres encuentran en las mismas crisis la fuerza para su superación. Así lo han mostrado tantos hombres y mujeres que, con el único recurso de la tenacidad y el valor, lucharon y vencieron a las sangrientas tiranías de nuestro continente. El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer. En esta tarea lo primordial es negarse a asfixiar cuanto de la vida podamos alumbrar. Defender, como lo han hecho heróicamente los pueblos ocupados, la tradición que nos dice cuanto de sagrado tiene el hombre. No permitir que se nos desperdicie la gracia de pequeños momentos de libertad que podemos gozar: una mesa compartida con gente que queremos, unas criaturas a las que demos amparo, una caminata entre los árboles, la gratitud de un abrazo. Un acto de arrojo como saltar de una casa en llamas. Estros no son hechos racionales, pero no es importante que lo sean, nos salvaremos por los afectos. El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria.»  (de La resistencia)
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