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Nuevos paradigmas sobre el envejecimiento

Nos visitaron en 2014 los Dres. José Yuni y Claudio Urbano, quienes desarrollaron el tema NUEVOS PARADIGMAS SOBRE EL ENVEJECIMIENTO desde su amplia formación profesional en diversas áreas, amén de su rica trayectoria en textos de su autoría.

La conferencia fue organizada por Proyecto 3 y la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Católica de Santa Fe, y se realizó el 8 de agosto del presente año.

El envejecimiento, destacaron es un nuevo fenómeno que está todavía haciéndose, como proceso social, histórico y cultural. Nunca ha habido tantas personas mayores que envejecen “dentro de la vejez”. El proceso va transformándose dentro del envejecimiento, de ahí que sea un fenómeno nuevo.

Abordaron el desarrollo histórico del concepto de vejez a través de tres representaciones visuales: una pintura del Medioevo, en la que las edades de la vida aparecen dentro de un marco oscurantista, y la vejez luce despreciada; como imagen del declive y de la muerte; una litografía de 1850, con personajes representativos de roles sociales adecuados a las edades, situados en una escalera que sube y baja simbolizando la vida como una curva de ascenso y caída; finalmente, una pintura de Dalí de 1940, en que la edad aparece connotada de otro modo luego de su evolución a través del tiempo, determinada por los cambios sociales, políticos y culturales.

Y es así que sostuvieron que lo que se encuentra actualmente en crisis son las “edades culturales” de  la vida, ya que el concepto de envejecimiento no es el mismo, ocurriendo de igual modo con la infancia: la imagen de los niños de hoy no es la misma que antaño.

¿Qué es lo que la cultura está generando para que llamemos vejez a esta etapa de la vida?

¿Cuándo alguien es viejo? Cuando ya no puede “darse vuelta solo”-dicen en Catamarca-cuando necesita ayuda.

Suele asociarse –acotaron- la vejez con la decrepitud. Mas, los actuales ya no son los viejos de antes; en términos de estilo de vida, de búsquedas, de propósitos.

Por primera vez en la historia de la humanidad, comienza a plantearse que la vejez es una etapa que está orientada al desarrollo, a la vez que todas las generaciones están atravesando estos cambios culturales.

El envejecimiento -continuaron diciendo- tiene que ver con “lo que hacemos con el tiempo que nos pasa”, y concluyeron retomando palabras de Erikson: “uno es lo que sobrevive de uno.”

Hoy no se habla de vejez, sino que hay modelos de “vejeces”, en los que hay momentos de despliegue y de repliegue y dentro de su desarrollo, surgen pequeñas crisis, que  refieren a movimientos que sufre el sujeto en relación a su biología,  roles sociales, cultura, a su percepción, a su sentido de trascendencia.

La vejez es sentida primeramente en el cuerpo, en tanto no ocurre igual en la mente, lo que  genera un conflicto en la persona, que siente padecerla en su biología pero, a la vez, se reconoce con capacidad para encarar emprendimientos.

Y es así que, mientras la vejez avanza, los roles sociales también van mutando, sin estar definidos. Por ejemplo el aprendizaje, antes era “para toda la vida”. En cambio, ahora, la obsolescencia de lo aprendido provoca una micro-crisis, ocasionando una des-adaptación entre lo aprendido y las exigencias sociales. Esta percepción diferente de la temporalidad pone en crisis nuestro sentido de la finitud. Ante la posibilidad de no seguir siendo, adquiere relevancia la idea de trascendencia, de poder quedar de otra manera inscriptos en la temporalidad.

Los seres humanos somos los únicos -dijeron- que tenemos cierto dominio sobre el tiempo, y conciencia de él: del pasado, del presente y del futuro. . Las otras especies sólo lo padecen.

Los tiempos individuales están inscriptos en tiempos colectivos, en tiempos de la cultura. El sentido del tiempo se puede observar en algunas culturas aborígenes, que carecen de una palabra para designar la vejez. En Chiapas, México, se registra esta forma de pensar la vejez: “Es el tiempo que cae sobre la vida que corre”

El envejecimiento tiene que ver con la forma en que resolvemos el tema del tiempo. Actualmente surge la idea del “Yo estoy siendo”, en lugar de “Yo soy”, lo cual implica que el sujeto está “siendo” todavía, está “haciéndose”, está “tejiéndose” para adentro y para afuera. Y así esta auto-comprensión del tiempo, nos lleva a generar otras posibilidades, a la vez que nos hace reflexionar que el tiempo vivido es más largo que el que resta por vivir. Por eso, es preciso utilizar, administrar mejor ese tiempo, lo cual, a su vez, abre más perspectivas, y es lo que nos posibilita “completarnos” mejor.

Tenemos conciencia -sostuvieron- de que el tiempo es corto, hay una certeza de que tiene “vencimiento”; y ello genera una crisis entre la finitud y la trascendencia. Aquí entra en juego la esperanza, aquello que nos sostiene en la incertidumbre de lo por venir, no en la certeza. La idea de que “algo de mí va a quedar…”, torna preciso encontrar nuestra propia trascendencia, de “trascendernos”; urge hallar otras formas de construir. Pero la idea de un proyecto hacia adelante debe  incluir la aceptación de lo contingente, no se puede controlar todo, no somos “el arquitecto del destino”.

En relación a la cuestión del desarrollo personal, adujeron que éste se basa en el contexto: nadie es sin un “otro”, otro que nos sostenga, nos contenga, significando que es necesario seguir creando contextos que permitan a las personas mayores seguir creciendo, generar contextos que estimulen el desarrollo. Este último, a su vez, tiene múltiples direcciones, ya que no hay dos personas mayores iguales, ya sea en los aspectos biológico, sicológico o espiritual.

Mantener un equilibrio dinámico supone lograr hacer un balance entre pérdidas y ganancias. Asumir pérdidas considerando que cada edad las tiene, trabajar sobre el significado cultural que se les da y considerar cómo las podemos significar de otro modo. Es importante descubrir cuáles son los “tensores” que apuntalan el yo para mantenerse equilibrado. El balance entre pérdidas y ganancias, se logra mediante compensaciones. Así, por ejemplo, se pueden compensar factores de riesgo con factores de oportunidad: atender la dimensión ético-espiritual permite darle un sentido al sufrimiento que provoca el paso del tiempo o una enfermedad invalidante.

Con todo ello, emerge la figura de la “plasticidad”, como esa flexibilidad que permite continuar adaptándose a las nuevas exigencias: resulta necesario “desaprender” y “reaprender”. Y, en el entendimiento de que “aprender” no es solamente “sumar”, señalaron que, para seguir adelante, es importante esa plasticidad interna para adaptarse. A aquél que lo logra, le es dado mantener su “mismidad”, lo que se traduce en ser “yo mismo” a través de los cambios.

Actualmente, reiteraron, es dable hablar de “vejeces”, no de vejez, y ello se relaciona con las diversas formas en que se desarrolla el proceso de socialización de la vejez.

En la percepción de los problemas que genera la vejez – señalaron – la edad es lo menos significativo, lo que menos unifica, ya que en todo caso, tiene que ver con los recursos que tenemos y que nos ayudan a gestionar esos procesos. Y así, se observa que, por influencias de carácter socio cultural, la vejez pesa más en el hombre que en la mujer. También es diferente el envejecimiento en familia o sin familia, con discapacidades, en prisión, en conventos.

En todo el proceso de llevar adelante la vejez, cobra relevancia la fe, como acto de depositar la confianza en algo. No menos importante resultan la voluntad y la motivación, ya que, si bien la condición física es necesaria, no es por sí sola suficiente: “Un cerebro sano, sin perspectivas, no progresa”, concluyeron. Y en este orden mencionaron la importancia de apelar a verdaderas motivaciones, ya que se ha comprobado que éstas son susceptibles de generar modificaciones hasta en la faz orgánica de la persona.

Se refirieron, también al concepto de “autonomía”, como principio rector del envejecimiento activo, que no significa lo mismo que “independencia”, ya que el primero refiere a la posibilidad de adoptar decisiones sobre su persona. Y en esto, la propia Organización Mundial de la Salud señala, como forma de respetar esa autonomía,  la estimulación de la confianza de los adultos mayores en sus propias capacidades, según sus creencias y necesidades.

Aclararon que no debe confundirse  el envejecimiento activo con el exceso de actividades – lo que genera –  sobrecarga y tensión, sino que se refiere al empoderamiento, al integrarse socialmente, hacer un aporte a la sociedad, en fin, salirse del lugar de la marginalidad y ponerse en la situación del adulto mayor como sujeto de derechos. Y considerando que la ley reconoce que el adulto mayor es “capaz”, evitar tutelajes que encubren esquemas autoritarios,  como prescribir en vez de preguntar, o convertir a este grupo etario en sujeto de mercado de consumo.

No se trata de satisfacer sólo  necesidades básicas,  sino también de orden superior, y así, cuando la persona se va realizando, va a continuar buscando, lo que se traduce en la autorrealización.

Mencionaron además la importancia de la interacción generacional a fin de establecer vínculos de apertura y no de aislamiento.

Finalmente destacaron la importancia de tener una visión amplia y comprensiva, exenta de críticas, sobre los cambios culturales que han trastocado los valores aprendidos. Esto implica un trabajo personal en pos de una sabiduría que consiste en “descentrarse”, para lograr una posición que considere todos los puntos de vista. La rica exposición fue cerrada con una observación sobre una frase que suele escucharse frecuentemente: “Yo soy joven de espíritu”, vinculando a la juventud como la mejor etapa de la vida. Sería bueno empezar a  decir yo estoy bien como una forma de reconocer la riqueza que tiene esta etapa de la vida.

Con todo lo vertido en esta exposición, cabe una reflexión a quienes asistimos a esta casa -Proyecto 3-, y es, según solemos decir en nuestro taller: “ESTAMOS EN BUENAS MANOS”, ya que éste es el sitio en el que encontramos satisfacción a nuestras necesidades de orden superior, con el placer como valor agregado.

 

 

Dr. JOSÉ YUNI

Dr. en Filosofía y  Ciencias de la Educación – Docente de grado y post-grado Univ. Nac. de Córdoba y Catamarca  y Programas Universitarios de Córdoba y Catamarca – Miembro de la Carrera de Investigador del CONICET.

  Dr. CLAUDIO URBANO

Dr. en Ciencias Humanas –Lic. En Psicología- Docente de grado y post-grado Univ. Nac. de Córdoba y Catamarca Programas Universitarios de Córdoba y Catamarca.

Ambos son autores de numerosos Libros sobre Gerontología y Educación para Adultos Mayores. Entre otros: “Educación de adultos mayores: Teoría, investigación e intervenciones”. “Mirarme otra vez: Madurescencia femenina.” “Psicología del desarrollo: Enfoques y perspectivas del Curso Vital”. “El trabajo grupal en las instituciones educativas: Herramientas para su análisis”

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