7B70ACB0FD648775CCF671EE67C5FAF2

Escritores que abren la mirada. Eduardo Galeano

Eduardo Galeano “…hay un redescubrimiento del mundo en el que siento que se me abrió el corazón y se me amplió la razón”

Eduardo Galeano nació en Montevideo en 1940. Desde principios de 1973, vivió exiliado en la Argentina y luego en España. A principios de 1985 regresó a Montevideo, donde falleció el 13 de Abril de 2015. Fue autor de varios libros, traducidos a numerosas lenguas. A lo largo de una obra donde confluyen la narración y el ensayo, la poesía y la crónica, sus libros recogen las voces del alma y de la calle, y ofrecen una síntesis de la realidad y su memoria: Las venas abiertas de América Latina, Vagamundo, La canción de nosotros, Días y noches de amor y de guerra, Úselo y tírelo, Memoria del fuego (trilogía), El libro de los abrazos, Las palabras andantes, El fútbol a sol y sombra, Patas arriba, Bocas del tiempo, Espejos (entre otros).

Su último libro, Los hijos de los días, fue presentado por el autor en nuestro país, en ocasión de la Feria del Libro 2012. Los hijos de los días reúne 366 historias, una para cada día del año. Con estos  relatos brevísimos de hechos sorprendentes o curiosos, que reflejan la vida de hombres y mujeres célebres o anónimos de diversas épocas y lugares, el autor  intenta recuperar “las voces de los que tienen voz, pero que no se oyen”.

La mirada “develadora” de Eduardo Galeano cuestiona puntos de vista convencionales y nos invita a descubrir nuevas perspectivas y matices de la realidad. Cada libro es una incitación a re-pensar y a re-crearnos. Cada página abre nuevos territorios posibles de comunicación, solidaridad, esperanza. Su instrumento es la palabra, una palabra que nos convoca a resignificar la vida: “…lo bueno es que la palabra, en tanto una consecuencia de lo humano, no quede arrinconada. Yo he hablado o apelado a una figura: la de la mariposa que el coleccionista coloca en un cuadro colgado en una pared… clavada. No, es necesario que la palabra vuele y vuele, que sea atrapada para ser interpretada, para ayudar a desentrañar la vida, a defenderla… no sé… a vincularnos, a debatir.”

Nos proponemos a continuación  “hilvanar” fragmentos de reportajes y discursos que nos traen “en directo” su voz y pensamiento.

Los mapas del alma no tienen fronteras

Al fin y al cabo, y perdón por irme tan lejos, cuando la historia todavía no se llamaba así, allá en el remoto tiempo de las cavernas, ¿cómo se las arreglaron para sobrevivir aquellos indefensos, inútiles, desamparados abuelos de la humanidad? Quizá sobrevivieron, contra toda evidencia, porque fueron capaces de compartir la comida y supieron defenderse juntos.
Y pasaron los años, miles y miles de años, y a la vista está que el mundo raras veces recuerda esa lección de sentido común, la más elemental de todas y la que más falta nos hace. A primera vista, el mundo parece una multitud de soledades amuchadas, todos contra todos, sálvese quien pueda, pero el sentido común, el sentido comunitario, es un bichito duro de matar.
La esperanza todavía tiene quien la espera, alentada por las voces que resuenan desde nuestro origen común y nuestros asombrosos espacios de encuentro. Yo no conozco dicha más alta que la alegría de reconocerme en los demás. Quizás ésa es, para mí, la única inmortalidad digna de fe.
Reconocerme en los demás, reconocerme en mi patria y en mi tiempo, y también reconocerme en mujeres y hombres que son compatriotas míos, nacidos en otras tierras, y reconocerme en mujeres y hombres que son contemporáneos míos, vividos en otros tiempos.
Los mapas del alma no tienen fronteras.

(Palabras dichas en Montevideo, la noche del 9 de julio de 2009, cuando Galeano fue condecorado con la Orden de Mayo de la República Argentina)

“Yo soy tú y tú eres yo”

-Yo camino las ideas; ése es el privilegio que tenemos los montevideanos: vivir en una ciudad caminable. Puedo pasarme horas caminando siempre a la orilla del agua y las palabras caminan dentro de mí y van creciendo. Ese caminar influyó mucho sobre mi modo de escribir.

–Así se entiende por qué leer sus libros es leer Uruguay…

librosgaleano

 

–La ventaja que tiene este país, es que es muy abierto y eso hace que yo mismo tenga una cultura muy diversa dentro de mí, sobre todo por mis andares latinoamericanos que fueron los que más me marcaron. Pero después hay un redescubrimiento del mundo en el que siento que se me abrió el corazón y se me amplió la razón. Esto de que nada de lo que ocurre en el mundo me es ajeno. Eso me multiplicó los mapas y los tiempos y me dio la capacidad de locura necesaria para meterme con cualquier tiempo del mundo y con cualquier mapa. Eran cosas que yo vivía o leía o me las contaban. Escuchaba y pensaba cómo lograr que esa baldosita que había nacido dentro de mí haber se entendiera con otras baldositas para formar el mosaico. Los libros son eso: mosaicos de pequeñas baldositas.

–Voces de muchos que usted galeaniza mientras camina Montevideo…

–Pero poniéndome en un segundo plano, como alguien que escucha y transmite. Muestro e intento abrir oídos de lectores para ofrecerles voces que no conocen o que valdría la pena que conocieran. Claro que no es una antología de toda esa gente, son textos míos donde cuento cosas que le han pasado a otros y me parecen dignas de ser contadas. Estoy allí, y supongo que es por la identidad que uno siente con las cosas que más lo golpean o que más hondamente le llegan. Es el modo de saludarse de los indígenas mayas, justamente, que cuando se cruzan se dicen “yo soy tú y tú eres yo”. Uno es el resultado de las muchas cosas que va aprendiendo a lo largo del camino y también de todo lo que va rechazando. Es el legítimo derecho a incorporar y también el legítimo derecho a decir esto no es lo mío, no me gusta, yo no quiero vivir así. Yo no quiero vivir para ser más que los otros o para tener más que los otros como enseñan las reglas actuales, esas consignas bobas de los valores del mercado que son el precio de cada persona y el precio de cada país.(…) Ahora es el imperio global de las altas finanzas que gobiernan el mundo y que te enseñan a ser mercancía y a tratar a los demás como mercancía.

No hay que someterse a esta especie de dictadura universal del miedo que es la que estamos padeciendo, ese miedo visible a veces y a veces invisible. Vivimos bajo un sistema universal de poder que quiere convencernos de que el prójimo es nuestro enemigo, que el otro no es nunca una promesa sino una amenaza. Los medios de comunicación, que mucho han contribuido a esto, tienen un poder de irradiación impresionante o que se nota más que antes. Y enseñan el miedo, enseñan que hay que desconfiar todo el tiempo. Éste es un mundo inseguro, pero no como lo pintan los medios, sino porque el propio sistema trabaja para multiplicar la inseguridad y para generarla. El sistema genera miedo: miedos que nacen de la propia dinámica del sistema en el cual el ser humano ha desaparecido como factor. Sólo servimos como numeritos, cuántos somos, cuántos quedamos, a cuántos van a comprar, cuántos van a quedar afuera. No es un mundo muy cautivante, muy estimulante éste que estamos habitando, pero no es el único mundo posible. Hay muchos munditos que están queriendo nacer en la barriga del mundo que padecemos

(Miradas al Sur – Año 5. Edición número 204. Domingo 15 de abril de 2012- Por Miguel Russo)

…esa fiesta que puede ser la vida

…creo en la fe de la condición humana y en esa fiesta que puede ser la vida, arruinada por los amos del mundo, pero que sigue siendo una fiesta posible. Por eso todo lo que escribo está impregnado en esa fe en el otro, de lo contrario sería lúgubre, sería pura denuncia. Si uno ama de veras la vida es lógico que combata a lo que se opone a que la vida florezca. Sería muy hipócrita que yo propusiera la vida como una fiesta sin oponerme a los enemigos de esa fiesta.

Mi vida está en los libros que escribí y en los que voy escribiendo. Para mí una biografía o autobiografía sería redundante. Me aburriría. Yo, como tema central, me aburriría. A mí me gusta más sentir que formo parte de algo más tentador, más confuso, más amplio, hondo y contradictorio que yo mismo.

-¿Qué cosa que sabe que hizo mal o que fue mal vista por los demás volvería a repetir?
-No, eso no te lo podría decir, sobre todo porque no me he puesto a hacer ese tipo de balances. Viví la vida que viví y la sigo viviendo con sus luces y sus sombras. Sinceramente no puedo distinguir una frontera nítida en la que haya guardias aduaneros que controlen el paso de lo que estuvo bien o mal, ni cuál es la zona de los errores y cuál la de los aciertos. No sé cuál es mi cielo ni mi infierno porque esas discusiones no coinciden con la realidad que conozco. El cielo y el infierno están dentro de nosotros mismos y cada uno sabe cómo manejar cuando uno u otro se desata.

-Según “Los hijos de los días” (su último libro publicado) el tiempo funda el espacio, somos hijos de los días pero sobre todo del tiempo. Luego de tantos cielos e infiernos, ¿qué le pediría al tiempo?

-No te podría contestar eso… Nada. No sé. Quizá me suscribiría a una frase de Rita Levi Montalcini, esa mujer que en los tiempos duros de la dictadura de Mussolini estudió las fibras nerviosas y lo hizo escondida en el baño de su casa. Años más tarde, en 1986, recibió el Premio Nobel de Medicina y dijo: “El cuerpo se me arruga, pero el cerebro no. Cuando sea incapaz de pensar, sólo quiero que me ayuden a morir con dignidad”. ¿Qué es lo que yo le pediría al tiempo? Eso, que me permita morir con dignidad.

(Por Daniel Viglione, Rev. Ñ- 15/06/12)

TEXTOS DE EDUARDO GALEANO

Mayo 1 Día de los trabajadores 

Tecnología del vuelo compartido: el primer pato que levanta vuelo abre paso al segundo, que despeja el camino al tercero, y la energía del tercero alza al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, que presta vuelo al séptimo…

Cuando se cansa, el pato que hace punta baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro, que sube al vértice de esa V que los patos dibujan en el aire. Todos se van turnando, atrás y adelante; y ninguno se cree superpato por volar adelante, ni subpato por marchar atrás.

Julio 30 Día de la amistad

Según decía Carlos Fonseca amador, amigo es el que critica de frente y elogia por la espalda. Y según dice la experiencia, el amigo de verdad es amigo en las cuatro estaciones. Los otros son amigos del verano, nomás.

Agosto 30 Día de los desaparecidos

Desaparecidos: los muertos sin tumba, las tumbas sin nombre.

Y también:

los bosques nativos,

las estrellas en las noches de las ciudades,

el aroma de las flores,

el sabor de las frutas,

las cartas escritas a mano,

los viejos cafés donde había tiempo para perder el tiempo,

el fútbol en la calle,

el derecho a caminar,

el derecho a respirar,

los empleos seguros,

las casas sin rejas,

las puertas sin cerraduras,

el sentido comunitario

y el sentido común.

 

Diciembre 9 El arte de vivir 

En 1986, el Nobel de Medicina fue para Rita Levi Montalcini.

En tiempos difíciles, durante la dictadura de Mussolini, Rita había estudiado las fibras nerviosas, a escondidas, en un laboratorio improvisado en algún rincón de su casa.

Años después, tras mucho trabajar, esta tenaz detective de los misterios de la vida descubrió la proteína que se ocupa de multiplicar las células humanas, y recibió el Nobel.

Ya rondaba los ochenta años y decía:

El cuerpo se me arruga, pero el cerebro no. Cuando sea incapaz de pensar, sólo quiero que me ayuden a morir con dignidad.

 De Los hijos de los días

 

Puntos de vista/2

Desde el punto de vista del sur, el verano del norte es invierno.

Desde el punto de vista de una lombriz, un plato de espaguetis es una orgía.

Donde los hindúes ven una vaca sagrada, otros ven una gran hamburguesa.

Desde el punto de vista de Hipócrates, Galeno, Maimónides y Paracelso existía una enfermedad llamada indigestión, pero no existía una enfermedad llamada hambre.

Desde el punto de vista de sus vecinos del pueblo de Cardona, el Toto Zaugg, que andaba con la misma ropa en verano y en invierno, era un hombre admirable:
El Toto nunca tiene frío-decían Èl no decía nada. Frío tenía: lo que no tenía era un abrigo.

De Patas Arriba

 

El mundo

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

El mundo es eso – reveló -. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

De El Libro de los Abrazos

 

galeano

Dejanos tu comentario

Tu mail no será publicado.



Llamanos al Tel: (0342) - 4559863. 9 de Julio 3457, Santa Fe, Argentina. envianos un mail