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Enfrentar la adversidad – Mario Capecchi

Mario Capecchi es genetista molecular. Ganó el Premio Nobel de Medicina en 2007 junto a Oliver Smithies y Martin Evans. Nació el 6 de Octubre de 1937 en Verona, Italia, casi el mismo día que ganó el galardón. ¿Casualidad o sincronicidad?

Su madre Lucy Romberg, poetisa norteamericana, se enamoró de un aviador italiano, Luciano Capecchi que murió en Africa durante la Segunda Guerra Mundial. Se quedó
sola con la crianza de Mario, y siendo una intelectual antinazi presintió que vendrían por ella. Tomó la desición de venderlo
todo y entregar el dinero a una familia de campesinos para el cuidado de su hijo ante su probable detención. El primer recuerdo de Mario es la Gestapo cuando vino a buscar a su madre, quien terminó en un campo de concentración. Contaba con 3 años y medio cuando pasó al cuidado de los campesinos. Pero en 12 meses el dinero desapareció y el niño fue a parar a la calle. Hasta los 9 años vivió en medio de una pandilla que robaba para vivir. “Estuve vagando por los caminos entre Bolzano y Verona, comiendo lo que podía, con otros grupos de niños. Robábamos para comer, nos daban caza, nos escondíamos en barriles, en establos, siempre huyendo. Solo pensaba en comer, evitar el peligro y sobrevivir” recuerda. Desnutrido, contrajo fiebre tifoidea, lo encontraron tirado en la calle y lo mario-capecchiinternaron en un hospital de Verona. Durante un año luchó por sobrevivir, desnudo en una cama. En 1945 su madre fue liberada en Dachau, y después de buscar a su hijo durante un año lo encontró, ¿casualmente? el día de su cumpleaños. Un tío materno, que era Físico de Princeton, los ayudó a emigrar y radicarse en Estados Unidos. Allí estudió y trabajó desde entonces.

Mario no había aprendido a leer hasta los 13 años, pero ya sabía todo sobre la vida: “Se las había ingeniado para no morir y seguir vivo” Tenía la ciencia de la calle. Recuerda: “Lo que aprendí con aquellos ladronzuelos me sirvió luego como investigador, una cierta intuición del porvenir. Aprendí a confiar en mí. Yo estaba solo. Mi mente era mi entretenimiento. Todo el tiempo desarrollaba planes que luego tenía que cumplir. A mis alumnos les enseño: en vez de pasar mucho tiempo pensando en algo, es mejor IR Y HACERLO. No hay que darle tantas vueltas, hay que empezar con algo. Pero para eso hay que tener un plan, una idea hacia donde uno quiere ir” Y hay que desearlo mucho. La gratificación es algo que lleva tiempo y esfuerzo, dedicación y paciencia.

Toda la adversidad le sirvió para crecer. ¿Podemos vislumbrar la trama vital de este hombre? ¿Podemos aprender que la actitud positiva ante los hechos adversos es el secreto para una vida con sentido? Te lo dejo pensando.

Unilce M. Albani. Docente del taller Autoconocimiento.

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